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Serie 30 días por América: Parte IV

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Difícil se hace describir nuestro paso por Nicaragua, pues desde Rivas hasta Guasaule lo que vimos fue mucha pobreza. Un país en el que los extremos ideológicos de estos años lo único que han generado es miseria, contradicciones y corrupción al punto de que el dueño de un taxi que tiene al menos un medio con el cual ganarse la vida honradamente, viva en una casucha miserable y trate de redondear sus ingresos traficando inmigrantes, mientras tiene un hijo que sirve en la fuerza pública.

Cruzando Nicaragua

La deliberación en casa del taxista culminó con el plan siguiente. El coyotero con el que negociamos la noche anterior nos dejaba en manos de un asociado suyo que nos acompañaría en el recorrido hasta la siguiente frontera con Honduras y allí nos dejaría en manos de otros compinches que serían los encargados de ayudarnos a pasar al otro lado. Una vez completado el recorrido le  pagaríamos al tipo el resto del dinero. Dicho así sonaba fácil, pero estábamos advertidos por otros que viajaron antes de que en Nicaragua la cosa era  difícil.

Salimos en grupos separados para abordar una furgoneta que hace el viaje a Jinotepe, para luego hacer trasbordo a Managua. No hablamos una palabra desde que salimos de casa del taxista para no atraer la atención por el acento cubano y yo iba con el  corazón a mil pulsaciones por minuto. Todo iba bien hasta que llegamos a un retén de policía. La furgoneta  paró y un tipo flaco asomó la cabeza tratando de registrar con los ojos a todo el mundo. Parecía que había terminado cuando reparó en alguien al fondo, que resultó ser mi esposa Yahima. Antes en Cuba la confundían con extranjera y allí en medio de tanta gente con piel curtida su tez blanca llamaba mucho la atención.

El tipo le pregunta a ella por sus documentos . Era yo quien los tenía y nos tocó a ambos bajarnos a tratar el asunto. El policía nos llevó donde otro, un gordo hijo de mala madre que de sólo mirarle a la cara te enterabas de lo corrupto que era. El gordo me dice:- ¿Bueno y de dónde vienen?, mi respuesta- De Ecuador. Segunda pregunta- ¿Y para dónde van?, Pues a Managua, respondí yo. Pero ustedes son de Cuba, no?......

No me quedó más remedio que contestarle afirmativamente y preguntarle que hacía falta para poder seguir. El tipo me respondió que no sabía, que le dijera yo de cuánto estábamos hablando. Le ofrecí el dinero para emergencias que llevaba en el bolsillo pero dijo que con eso él no tenía ni para empezar. Mientras tanto el flaco seguía pescando cubanos en la furgoneta y sacó a todo el grupo menos al coyotero que nos acompañaba.

El gordo se pone coloquial conmigo y me pregunta si no hay más cubanos en la furgoneta, que él nos estaba esperando a todos pues desde que estábamos en Rivas en la parada esperando a salir, alguien lo había llamado para darle el chivatazo. Me dice que va a dejar ir la furgoneta y que nosotros nos pongamos a deliberar cuanto le vamos a ofrecer para poder seguir, cuando a Daniel se le alumbró el bombillo y dijo que con nosotros se tenía que bajar el tipo que nos estaba llevando, o sea el coyotero; al gordo en ese momento fue como si le dieran un premio o un regalo de navidad porque se le alumbró la cara.

En resumen, la cosa derivó en que le dijimos que nosotros no teníamos más dinero, que solo le podíamos pagar la parte que aún le debíamos al coyotero, pero que nos daba recelo que luego él avisara a otros controles y nos volvieran a atrapar. Dijo que no, que arreglando el asunto con él todo estaba resuelto y se llevó al coyotero para adentro. Allí maduraron al tipo, le quitaron la parte de dólares inicial que le habíamos dado, todos los córdobas que llevaba, el celular de último modelo que tenía y por supuesto nos pidieron la parte de dólares restante. Luego con sus caras muy duras nos dijeron que nos montáramos en el primer bus que pasara, pero le dijimos al gordo que nos devolviera al coyotero para poder seguir viaje y así lo hizo, jeje, maravillas de la corrupción.

Uffff, yo tenía la adrenalina al desbordarse y aquello no hacía más que empezar. Llegamos a Jinotepe y tomamos otro bus, aunque primero aprovechamos para cambiar algo de dinero antes de llegar a Managua. El coyote no sabía dónde meterse y no quería ni hablar. Llegamos a la capital a un mercado popular de mala muerte donde se abordan buses para Chinandega que era la siguiente escala. Allí el guía nica nos dejó a nuestra suerte y seguimos.

Olvidé decir que todo el servicio de transporte público en Nicaragua es con esos buses amarillos que aquí en USA son escolares y en Cuba se usan en los centros de trabajo. Es tanta la gente viajando que los choferes y cobradores embuten a tres personas en cada asiento y en el diminuto pasillo entre las filas de asientos siguen metiendo pasajeros unos encima de otros, peor que en La Habana. En esas condiciones con un calor extremo e incertidumbre acerca de cómo sería la siguiente etapa, hicimos el viaje interminable hasta Chinandega. Les debo fotos de todo eso, pues opté por no ponerme en plan turista ante la posibilidad de llamar demasiado la atención.

La misma historia de malos ratos se repitió cuando llegamos, esperando para hacer conexión a Guasaule. El bus llevaba gente colgando por todos lados, vendedores ambulantes tratando de hacer lo suyo y por supuesto nosotros pasando nuestro curso de sordomudos. A mitad de camino desde Chinandega a la frontera había un retén de policía grande, pero no detuvieron el bus. Ahí fué cuando me di cuenta de que todos en ese vehículo estaban en el chisme de nosotros. La nica que estaba sentada a mi lado me dijo que no nos preocupáramos que ese bus no lo detenían en los retenes porque es el que usualmente toman los estudiantes que a esa hora regresan a casa.

En nuestra comunicación con el contacto en Guasaule nos habían dicho que al llegar nos quedáramos sobre el bus, lo cual representaba un problema pues no teníamos idea de cómo eran los tipos. Era bien de noche cuando finalmente llegamos. Los pasajeros se fueron bajando poco a poco hasta que nos quedamos solos con el chofer. De inmediato se suben dos personajes con cara de locos que se identifican y le indican al chofer que siga hacia la frontera. Nosotros no tuvimos tiempo ni de reaccionar y en menos de 3 minutos los tipos nos dicen que hay que bajarse del bus porque estaba la policía más adelante.

Nos bajamos y comenzamos a correr como locos de regreso en completa oscuridad, cuando se apareció una camioneta llena de policías a detenernos. Aquello era una confusión tremenda, nosotros tratando de irnos, los guardias ordenando que nos detuvieramos y los coyoteros en el medio negociando con ellos para que nos dejaran ir. Todavía no decido qué pensar al respecto de todo eso. No se si fue real o si fue un montaje perfecto de los traficantes con los policías de manera que estos últimos agarraran su mordida y así los primeros pudieran seguir su trabajo sin interrupciones. La cosa terminó con el pedido de 30 dólares por persona para dejarnos ir y asunto cerrado.

Con falta de aire por el percance, emprendimos de nuevo el camino y nuestros guías nos llevaron por varios recovecos bordeando caseríos y siguiendo el curso del río, hablando en voz baja casi sin encender luces hasta que llegamos a un punto donde dijeron que era seguro cruzar pues no podían vernos desde el puesto fronterizo. La oscuridad era total y caminábamos por una zona de grandes piedras antes de entrar al agua que nos tapaba hasta las rodillas.

Aquí volvió mi amiga Aida a protagonizar el momento gracioso. Antes de cruzar el río todos nos quitamos los zapatos, pero ya en el otro lado Aida decidió botar los de ella porque estaban rotos y los tiró al agua. Seguidamente uno de los coyoteros empezó a buscar sus botas y al rato nos dimos cuenta que los zapatos de Aida aún estaban en la orilla. En la oscuridad había botado la botas del tipo y lo dejó descalzo.

Lo que nos quedaba de trayecto ya era sobre el lado hondureño. Seguimos atravesando caseríos y patios de casas hasta llegar cerca de un hotel donde pasaríamos la noche para seguir rumbo a Tegucigalpa al amanecer. El calor era insoportable y  estábamos super cansados. Habíamos repetido lo de Costa Rica, cruzando toda Nicaragua en un mismo día. Era la noche del sábado 14 de Julio de 2012, nuestro octavo día de viaje.

Les pagamos a los tipos sus honorarios y ellos a su vez nos dieron el dato de otro individuo que nos podría ayudar a cruzar hacia Guatemala. Aún no sabíamos que íbamos a lamentar eso. Pero no me quiero adelantar en la historia, prometo seguir contando en el siguiente post.

Be patient and come back....





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